EL ANCLA DEL ALMASEA HOPE COMUNIDAD

Sea Hope Comunidad · El Ancla del Alma

Soltar las preocupaciones y entregar tus cargas a Dios en Trujillo Alto

Una palabra que puede cambiar tu día: oración, versículo y reflexión en audio para la mujer en Puerto Rico.

Portada de El Ancla del Alma: ancla de estrellas doradas — Sea Hope Comunidad

Aquí en Trujillo Alto la gente se conoce, se saluda, se ayuda. Y aun rodeada de gente, a veces el corazón se siente solo con su problema. Esta reflexión es un recordatorio de que Dios está más cerca de lo que sientes, y de que su oído está atento a tu clamor.

En Trujillo Alto, en el área metropolitana, al sur de Carolina, viven 67,740 personas según el censo de 2020. Entre ellas estás tú, con tu nombre, tu familia y esa necesidad que te trajo a buscar soltar las preocupaciones y entregar tus cargas a Dios. Quédate un rato: esta palabra fue preparada también pensando en ti.

Si llegaste hasta aquí buscando «cómo dejar de pensar en los problemas en la noche», detente un momento: esta palabra también es para ti.

La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.

Toma este versículo como tuyo hoy. Dice la Escritura en Salmo 37:25:

«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)

Guarda esta palabra de Salmo 37:25 como se guarda un ancla en el mar movido: no evita las olas, pero impide que la barca se vaya a la deriva. Tu barca tiene ancla, y tu vida tiene un Dios que no se mueve.

Oración

Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.

Sigue caminando, mujer de Trujillo Alto: el mismo Dios que te habló en esta página camina contigo el resto del día. Mañana habrá otra palabra; hoy, vive esta.

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Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma

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