Si llegaste hasta aquí buscando «siento que si fallo todo se derrumba», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Morovis queda en el interior norte. Es un pueblo incorporado de 28,727 habitantes, y aunque cada día trae su propio afán, la Palabra de Dios también llega hasta aquí: hoy llega para ti, que llegaste buscando soltar el peso de sostenerlo todo sola.
La vida en Morovis tiene su propio ritmo: el tapón de la mañana, el turno que no espera, la compra que hay que hacer, los hijos, la casa. En medio de ese ritmo, Dios no te pide que seas la más fuerte: te pide que te acerques a Él tal como estás.
Esto no es solo un consejo bonito: es promesa de Dios, registrada en Salmo 37:25:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Antes de pasar a la oración, quédate un momento con Salmo 37:25. ¿Qué palabra te queda sonando por dentro? Esa es la que Dios quiere que lleves contigo hoy, como quien lleva una lámpara encendida en el bolsillo del alma.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
Escuchar en Apple PodcastsTambién en SpotifySi esta palabra llegó a tu corazón, no la dejes pasar: hazla parte de tu día en Morovis. Léela otra vez por la tarde, órala con tu familia y deja que su verdad ordene tus pensamientos.
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