No importa si tu casa en Maunabo está llena de gente o si el silencio pesa: esta palabra entra igual. Dios le habla al corazón que lo busca, y hoy el tuyo lo está buscando; por eso estás aquí, leyendo esto, en este momento del día.
Hay una palabra de Dios para Maunabo esta mañana. Este municipio, en la esquina sureste, donde la cordillera toca el mar, guarda historias de familias que madrugan, de mujeres que trabajan dentro y fuera de casa, y de corazones que hoy necesitan escuchar que no están solos.
Si llegaste hasta aquí buscando «cómo dejar de pensar en los problemas en la noche», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Cuando el corazón necesita un ancla, la Palabra la tiene. Lee con calma lo que dice Salmo 37:25:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Tal vez has escuchado este versículo antes. Pero la Palabra de Dios no se gasta por repetida: hoy, con lo que estás viviendo, Salmo 37:25 tiene algo nuevo que decirte. Recíbelo como si lo leyeras por primera vez.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Guarda esta página y vuelve a ella cuando lo necesites. Cada día hay una palabra nueva esperándote en El Ancla del Alma, preparada para mujeres como tú, en Maunabo y en todo Puerto Rico.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
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