El municipio de Las Piedras se extiende por 87,75 km² en el interior este, a los pies de la sierra de Luquillo. Cada barrio tiene su ritmo y cada casa su historia, pero hay algo que une a todos los que viven aquí: la necesidad de empezar el día agarrados de la mano de Dios.
Si llegaste hasta aquí buscando «oración por mis hijos que están lejos», detente un momento: esta palabra también es para ti.
Vives en un país y tu corazón está repartido: tus hijos, tu madre, tus hermanos, la casa donde creciste. Hay días en que la distancia pesa más — un cumpleaños por videollamada, una enfermedad en la que no pudiste estar, un abrazo que lleva años esperando. Esta palabra es para ti: la distancia no le pone límite a Dios.
Las mujeres de Las Piedras saben trabajar, saben esperar y saben levantarse. Pero también saben lo que es llorar bajito para que nadie se preocupe. Dios escucha ese llanto bajito, y su palabra de hoy viene a secarlo con esperanza.
Cuando el corazón necesita un ancla, la Palabra la tiene. Lee con calma lo que dice Deuteronomio 31:8:
«Él será contigo; no te dejará, ni te desamparará. No temas.»— Deuteronomio 31:8 (RVR1960)
Guarda esta palabra de Deuteronomio 31:8 como se guarda un ancla en el mar movido: no evita las olas, pero impide que la barca se vaya a la deriva. Tu barca tiene ancla, y tu vida tiene un Dios que no se mueve.
Oración
Señor, tú sabes cuánto extraño a los míos. Hoy te los entrego uno por uno: cuida a mi familia que quedó en mi país como cuidas de mí aquí, porque el mismo Dios que me guarda a mí los guarda a ellos. Sana la tristeza de la distancia, guarda nuestros corazones unidos y abre el camino para el reencuentro. Mientras tanto, dame paz para seguir y fe para confiar en que ninguno de los nuestros está fuera de tu vista. En el nombre de Jesús, amén.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «Paz en medio de la tormenta» — El Ancla del Alma
Escuchar en Apple PodcastsTambién en SpotifyY cuando hoy te pregunten cómo estás, podrás decirlo con una honestidad nueva: estás en proceso, pero estás agarrada de Dios. Esa es la diferencia que hace esta palabra en una vida.
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