Para ti, que estás en Isabela: antes de que el día te pida más de lo que sientes que tienes, detente un momento en esta palabra. Dios conoce tu calle, tu casa y tu historia, y hoy quiere recordarte que sigue contigo, paso a paso.
Si llegaste hasta aquí buscando «cómo dejar de pensar en los problemas en la noche», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Hay mañanas en Isabela en las que el cuerpo se levanta pero el ánimo se queda atrás. Para esas mañanas existe esta palabra: no es un regaño ni una frase vacía, es la voz de un Padre que conoce tu historia completa y, aun así, te llama suya.
Cuando el corazón necesita un ancla, la Palabra la tiene. Lee con calma lo que dice Salmo 37:25:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Antes de pasar a la oración, quédate un momento con Salmo 37:25. ¿Qué palabra te queda sonando por dentro? Esa es la que Dios quiere que lleves contigo hoy, como quien lleva una lámpara encendida en el bolsillo del alma.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
Escuchar en Apple PodcastsTambién en SpotifyGuarda esta página y vuelve a ella cuando lo necesites. Cada día hay una palabra nueva esperándote en El Ancla del Alma, preparada para mujeres como tú, en Isabela y en todo Puerto Rico.
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