Antes de seguir con las tareas del día en Florida, haz una pausa con Dios. No necesitas palabras perfectas ni una fe gigante: necesitas un corazón dispuesto. Esta reflexión y esta oración son tu pausa; lo demás lo irá haciendo Él.
Para ti, que estás en Florida: antes de que el día te pida más de lo que sientes que tienes, detente un momento en esta palabra. Dios conoce tu calle, tu casa y tu historia, y hoy quiere recordarte que sigue contigo, paso a paso.
Si llegaste hasta aquí buscando «cómo dejar de pensar en los problemas en la noche», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Cuando el corazón necesita un ancla, la Palabra la tiene. Lee con calma lo que dice Salmo 37:25:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Lo que acabas de leer en Salmo 37:25 sigue siendo verdad aunque tus circunstancias todavía no cambien. La fe no niega lo que duele; la fe decide a quién creerle en medio del dolor, y hoy tú estás decidiendo creerle a Dios.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Lleva esta palabra contigo hoy, aquí en Florida. Y si conoces a otra mujer que necesita escucharla, compártesela: a veces Dios usa un simple mensaje compartido para llegar justo a tiempo.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
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