Esta palabra llegó hasta Barranquitas, en el mismo centro de la Cordillera Central, para una mujer que hoy necesita oír que Dios no la ha dejado sola. Aquí, entre sus 28,983 habitantes, hay madres, hijas y abuelas que se levantan cada día a sostener su casa con fe, y esta palabra también es para cada una de ellas.
Si llegaste hasta aquí buscando «cómo dejar de pensar en los problemas en la noche», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Las mujeres de Barranquitas saben trabajar, saben esperar y saben levantarse. Pero también saben lo que es llorar bajito para que nadie se preocupe. Dios escucha ese llanto bajito, y su palabra de hoy viene a secarlo con esperanza.
Antes de orar, escucha lo que Dios ya dijo sobre esto en su Palabra:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Esta promesa de Salmo 37:25 también es para tu casa: para tus hijos, para tu familia, para los que amas en Barranquitas y para los que están lejos. La palabra que hoy te sostiene a ti puede sostener mañana a los tuyos a través de ti.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
Escuchar en Apple PodcastsTambién en SpotifySi esta palabra llegó a tu corazón, no la dejes pasar: hazla parte de tu día en Barranquitas. Léela otra vez por la tarde, órala con tu familia y deja que su verdad ordene tus pensamientos.
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