Esta palabra llegó hasta Arecibo, en la costa norte, para una mujer que hoy necesita oír que Dios no la ha dejado sola. Aquí, entre sus 87,754 habitantes, hay madres, hijas y abuelas que se levantan cada día a sostener su casa con fe, y esta palabra también es para cada una de ellas.
Si llegaste hasta aquí buscando «siento que si fallo todo se derrumba», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Antes de seguir con las tareas del día en Arecibo, haz una pausa con Dios. No necesitas palabras perfectas ni una fe gigante: necesitas un corazón dispuesto. Esta reflexión y esta oración son tu pausa; lo demás lo irá haciendo Él.
Antes de orar, escucha lo que Dios ya dijo sobre esto en su Palabra:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Recibe Salmo 37:25 como una carta escrita para ti. No llegó por casualidad a tus manos en Arecibo: llegó porque Dios conoce el día que estás viviendo y preparó esta palabra para sostenerte en él.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Guarda esta página y vuelve a ella cuando lo necesites. Cada día hay una palabra nueva esperándote en El Ancla del Alma, preparada para mujeres como tú, en Arecibo y en todo Puerto Rico.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
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