Aibonito queda en la montaña, en la sierra de Cayey. Es un pueblo incorporado de 24,637 habitantes, y aunque cada día trae su propio afán, la Palabra de Dios también llega hasta aquí: hoy llega para ti, que llegaste buscando soltar las preocupaciones y entregar tus cargas a Dios.
Hay mañanas en Aibonito en las que el cuerpo se levanta pero el ánimo se queda atrás. Para esas mañanas existe esta palabra: no es un regaño ni una frase vacía, es la voz de un Padre que conoce tu historia completa y, aun así, te llama suya.
Si llegaste hasta aquí buscando «cómo dejar de pensar en los problemas en la noche», detente un momento: esta palabra también es para ti.
La renta, la comida, lo que mandas a tu familia, lo que tus hijos necesitan: a veces sientes que si tú aflojas un solo día, todo se cae. Esa presión cansa el alma. Pero la verdad es esta: tú trabajas con tus manos, y Dios sostiene la casa con las suyas. No todo depende de ti.
Dios habló de tu situación mucho antes de que la vivieras. Su Palabra en Salmo 37:25 lo confirma:
«No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.»— Salmo 37:25 (RVR1960)
Detente en esa promesa de Salmo 37:25. No es una frase para colgar en la pared: es Dios hablándote a ti, hoy, en Aibonito, en medio de esto que estás viviendo. Léela una vez más, despacio, y deja que baje del papel al corazón.
Oración
Señor, tú conoces las necesidades de mi casa y el esfuerzo de cada día. Hoy te entrego mi trabajo, mis ingresos y cada cuenta por pagar. Abre las puertas correctas, dame favor y fuerzas, y enséñame a descansar en tu provisión sin dejar de hacer mi parte. Multiplica lo poco cuando no alcance y guarda a mi familia de toda escasez. Mi casa está en tus manos, y tus manos no fallan. En el nombre de Jesús, amén.
Escucha esta palabra en audio
Episodio: «El peso que no te toca cargar» — El Ancla del Alma
Escuchar en Apple PodcastsTambién en SpotifyDios te bendiga hoy en Aibonito. Que su paz, la que no depende de las circunstancias, guarde tu corazón y tu mente en cada hora de este día.
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